Marisol Herrera cuenta que siempre ha tenido espíritu de comerciante. Una antigua colega de la fábrica Costa, donde trabajaba cuando aún estaba en Santa Elena, le avisó hace dos años que esta esquina del Barrio Puerto, al lado del paradero, quedaba libre. Ya se llamaba La Porteñita, a Marisol le gustó e hizo su propio cartel. Pensó en frutos secos por sus propiedades benéficas para una población nacional que envejece.